LIGO y Virgo detectan una colisión de estrellas de neutrones

El pasado lunes 16 de Octubre, los equipos científicos de LIGO y Virgo anunciaban una reciente observación de la que ya habían corrido rumores desde la semana pasada. Por primera vez se había podido ver la huella gravitacional de una colisión de dos estrellas de neutrones. Además de ambos equipos de interferómetros, tanto el norteamericano como el europeo, colaboraron en el proyecto más de 70 observatorios, tanto terrestres como espaciales, que permitieron localizar el origen del evento observado con precisión.

Infografía GW170817 realizada por LIGO

La observación se realizó el 17 de Agosto, detectándose con escasa diferencia de tiempo las ondas gravitacionales emitidas por la colisión y la luz desprendida por la misma. Esta es la principal novedad y ventaja de este tipo de evento. Hasta ahora, los interferómetros solo habían podido detectar colisiones de agujeros negros, que no podían observarse de otra forma. Sin embargo, por primera vez tenemos un suceso luminiscente, lo que permite contrastar los datos de los interferómetros con los datos recabados sobre luz y otras radiaciones electromagnéticas emitidas por la kilonova.

Esta nueva denominación, kilonova, se debe a que la colisión produjo una energía equivalente a la de 1000 supernovas, un evento sobre el cual hasta ahora solo se habían hecho suposiciones, y que finalmente se ha podido confirmar. Tal energía permite que a partir de la colisión se generen elementos pesados, como el oro o el platino.

Observación de la galaxia NGC-4993

Gracias a la luz emitida se pudo seguir la pista a la onda gravitacional, determinándose su origen en la galaxia NGC-4993, situada a 130 millones de años luz de la Tierra. Por tanto, el escaso margen entre la detección de la perturbación espacio-temporal y la radiación, a penas 3 segundos, supone una fuerte evidencia de que las ondas gravitacionales viajan a la velocidad de la luz.

La gran cantidad de información extraída a partir de esta observación da pie a la idea de emplear las ondas gravitacionales como un nuevo medio de explorar nuestro universo. En conjunción con los demás sistemas de detección actuales, podrían emplearse para entender y estudiar la expansión del universo, su composición y el estudio de cuerpos como estrellas de neutrones o agujeros negros y la radiación emiten.

Durante la conferencia de prensa dada el pasado Lunes, representantes de la colaboración LIGO-Virgo expresaron su intención de iniciar un proceso de mejora en ambos interferómetros. Si bien esto podría suponer el cese de las detecciones en los meses venideros, sus pretensiones son que en el próximo año la precisión y alcance de los interferómetros pueda duplicarse, pudiendo así detectar eventos en una zona 8 veces mayor del espacio que nos rodea.

Por tanto, tal como dijo el Dr. Shoemaker del MIT, portavoz de la colaboración LIGO-Virgo, en la citada conferencia, “Es posible que pasemos de detectar eventos una vez cada dos meses, a uno cada dos semanas, o incluso cada semana”. Esto abriría sin duda un camino para que las ondas gravitacionales supongan una revolución en la forma en la que vemos el universo que nos rodea.

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