las pseudociencias son un mercado

El gran mercado de las pseudociencias

Las pseudocencias se nutren de revestir creencias populares con tintes científicos para generar beneficios.

La ciencia se define no por un campo de conocimiento concreto sobre el que se investiga, si no precisamente por la metodología empleada. Esto permite que sobre cualquier tema puede aplicarse dicho método para evaluar las hipótesis que se generen sobre dicho tema mediante experimentación, con una posterior reevaluación de las hipótesis tras la misma (feedback).

Las pseudociencias, sin embargo, obvian una parte de este proceso. Sus suposiciones no se basan en modelos matemáticos y no se someten a procesos experimentales con la debida rigurosidad, por lo que no podemos decir que sus conclusiones sean científicamente válidas.

El problema viene cuando estas suposiciones o creencias populares se disfrazan precisamente de lo que no son, de evidencia científica. Normalmente para ello se emplean descripciones vagas de “estudios” realizados sobre estas creencias. Un ejemplo reciente es la noticia sobre el cartílago de tiburón, que decía ser avalado por algunos estudios (que obviamente carecen de toda metodología científica) pero que no solo ha demostrado ser inútil contra el cáncer, sino además ser potencialmente peligroso para la salud, y sin duda su consumo pone en peligro a una especia ya amenazada.

Este es solo uno de los múltiples ejemplos que podemos ver simplemente con acudir a la prensa. ¿Pero por qué alguien podría querer engañarnos de esta forma de manera intencionada? La respuesta suele ser simple, dinero. Estas pseudociencias generan un mercado importante gracias a libros, cursos e incluso jornadas y simposios.

Pero ¿Por qué la gente admite estas falsas teorías? Normalmente por comodidad. Usualmente las pseudociencias se mezclan con un concepto totalmente contrario a la ciencia, añaden un poco de verdad absoluto a la mezcla.

El conocimiento científico, si tiene bastante evidencia, se da por correcto hasta que aparezca evidencia suficiente para desmontar la teoría o aparezca una con mayor capacidad explicativa y predictiva. Las pesudociencias, por su parte, se disfrazan de verdades científicas y absolutas a la vez. No va a cambiar, nunca, están bien como están para sus defensores. A lo sumo, refinarán la tesis pero no la cambiarán ni tratarán de refutarla. Precisamente porque es lo que les reporta beneficios.

El hecho de que ofrezcan una verdad absoluta e irrefutable supone tranquilidad para aquellos que necesitan de estas terapias o que prefieren estas verdades que las realmente científicas, más cambiantes y complejas. Esto no solo no ayuda al progreso cultural e intelectual de la sociedad, si no que tiene un efecto contraproducente al desprestigiar el propio método científico (pues intentan disfrazarse con éste) y a difundir el oscurantismo entre la población.

Por suerte hay agrupaciones y asociaciones cuyo objetivo es combatir las pseudociencias y las pseudoterapias, como puedan ser la asociación APETP, asociación contra las pseudoterapias, y ARP-SAPC, que lucha contra el oscurantismo extendido por las pseudociencias. Desde luego, la formación y la cultura científica es el modo más efectivo de luchar contra estas falacias cómodas.

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