El Neutrino que golpeó la Antártida ilumina el misterioso origen de los rayos cósmicos

El pasado 15 de julio algunos periódicos como The Guardian y The Nature, publicaban en uno de sus artículos la nueva noticia sobre un nuevo tipo de astronomía que los astrónomos han bautizado como la astronomía de neutrinos . Hasta ahora el cielo se ha observado mediante los telescopios tradicionales y desde hace poco también con  observatorios de ondas gravitacionales, pero también a partir de ahora se podrá hacer con detectores de neutrinos.

Para llegar a esta conclusión, los científicos se basan en la detección de un neutrino de alta energía que se estrelló contra la Tierra e iluminó unos sensores enterrados profundamente bajo el polo sur y lo que ha conllevado el estudio de su origen.

El evento tuvo lugar el 22 de septiembre de 2017, y fue capturado por el experimento IceCube, un kilómetro cúbico de hielo transparente equipado con sensores para detectar rayos cósmicos.

 

El laboratorio IceCube en la estación Amundsen-Scott South Pole en la Antártida.

 Fotografía: Felipe Pedreros / IceCube / NSF

Trazando el camino que tomó la partícula a través del instrumento, los astrónomos supieron dónde buscar la fuente de la partícula en el cielo. Una serie de observaciones tempranas quedaron en blanco, pero días después el Telescopio Espacial Fermi de Rayos Gamma  de la NASA (Nasa’s Fermi Gamma-ray Space Telescope) detectó una posible fuente: un “blazar”.

Hay un tipo de galaxias en cuyos centros hay agujeros negros supermasivos giratorios, los cuales parecen extraer material a velocidades vertiginosas, enviando corrientes de partículas altamente energéticas al espacio. Cuando una de estas corrientes se dirige directamente a la Tierra estas galaxias se llaman blazars. El blazar que parece habernos enviado el neutrino se encuentra a 3.700 millones de años luz, justo al lado del hombro izquierdo de la constalación de Orión. Pero este neutrino no fue la única evidencia,  los científicos de IceCube encontraron una ráfaga de neutrinos provenientes de la misma ubicación durante 150 días en 2014 y 2015.

Este descubrimiento ha sido una revolución ya que puede haber resuelto el rompecabezas de más de 100 años sobre qué tipos de objetos pueden crear los rayos cósmicos que frecuentemente chocan sobre la Tierra, es decir, de dónde provienen. Es casi imposible de restrear los orígenes ya que las partículas que los forman interactúan con campos magnéticos y se desvían a medida que viajan por el espacio. Pero los rayos cósmicos de alta energía también forman neutrinos, que viajan en línea recta y son más fáciles de detectar su fuente.

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