El espacio, un territorio hostil

Con los últimos avances espaciales, como la llegada de InSight a Marte para su reconocimiento meteorológico entre otros, parece necesario recordar la dificultad a la que se enfrenta el ser humano al salir al espacio. Algo que películas como Star Wars  nos hace parecer más sencillo y otras como 2001: Una odisea en el espacio o Interestellar nos recuerdan. Porque lo cierto es que tan solo salir al espacio exterior ya es un gran desafío y sobrevivir a él, uno mayor.

Vacío

Si tuviéramos que elegir un conjunto de palabras para definir el espacio exterior vacío debería ser una de ellas. Porque, a pesar de los gigantescos astros que se encuentran en él, en el conjunto del universo la materia es un porcentaje pequeñísimo comparado con el tamaño total del mismo. Y por esto mismo, el espacio vacío entre la materia es enorme. Y como no hay casi nada, exceptuando unos pocos  átomos de hidrógeno en cada metro cúbico, el vacío es altísimo y la presión bajísima.

¿En que se traduce esto? En que cuando salimos al exterior debemos llevar algún tipo de aislamiento que permita mantener un entorno cercano a nuestro cuerpo a una presión igual a la que tenemos en la tierra (1 atm) y mantenga una burbuja de aire que no se disipe hacia el resto del espacio por ósmosis dejándonos sin nada que respirar, y asfixiándonos irremediablemente. Si este aislamiento fallase no solo perderíamos nuestro aire para respirar, sino que además moriríamos por la despresurización, pues nuestro cuerpo está habitualmente a una presión de 1 atmósfera y moriríamos si esta cantidad aumenta o decrece. En este caso, en vez de ser aplastados por la presión excesiva de, por ejemplo, el océano a altas profundidades, nos ocurriría lo contrario, algo nada agradable.

Temperatura y radiación

La temperatura del espacio varía entre unos pocos grados kelvin, si estamos a una distancia relativamente grande de alguna fuente de calor como una estrella, a miles de grados que nos achicharrarían en unos instantes.  A todo ello le debemos sumar las partículas aceleradas y radiación ionizante como los rayos cósmicos que nos llegarían directamente, pues no hay ninguna atmósfera que nos proteja de ellos. Por lo tanto, si sales al espacio exterior, más vale que no te olvides el abrigo adecuado.

Imagen de la estación espacial internacional

Falta de recursos

Otro de los problemas que tenemos al salir al espacio exterior y lanzarnos a colonizar otros planetas es la falta de recursos necesarios para  la vida. No hay aire, no hay agua y, obviamente, no hay comida ni ningún material de donde obtenerla, al menos que sepamos actualmente. Así que todo lo que necesitemos, incluido el combustible para desplazarnos, debemos llevarlo de casa. Y eso implica peso, almacenaje máximo e impedimentos para las misiones espaciales por doquier.  Otro de los objetivos para realizar las expediciones al espacio exterior es conseguir la máxima producción posible de estos recursos en el lugar o nave en cuestión. Pero esto todavía se encuentra en estudio.

Inmensidad

Las enormes distancias entre los astros. Y la nada, el absoluto vacío inmenso entre ellos. Este es, quizás, el mayor miedo o impresión que nos viene a la cabeza cuando pensamos en el espacio, en perdernos en él, en salir flotando, alejarnos y ser indistinguibles en la inmensidad.  Y esto es porque tan solo la distancia entre Tierra y Luna es abrumadora, de unos 384.000 km. Tanto que no podemos ni imaginarlo.

 

Imagen del espacio profundo obtenida por el telescopio espacial Hubble. Lo que se observa en la imagen no son estrellas sino galaxias.

 

Las escalas de tiempo necesarios para hacer viajes entre las estrellas vecinas a la nuestra también son gigantescas. Las más cercanas se encuentran a varios años a la velocidad de la luz de viaje, velocidad que no somos capaces de alcanzar ni de lejos. Por lo que ahora mismo a lo máximo que podemos aspirar es a visitar los planetas más cercanos, a no ser que nos embarcáramos en  una misión de varias generaciones a bordo de una nave-mundo autosuficiente. Problema que, como ya hemos visto, radica entre otras cosas en la falta de recursos.

A algunos lo anterior no les importa

A pesar de todo de lo que hemos hablado en este pequeño artículo existen pequeñas criaturas que se creen capaces de vivir en todas esas extremas circunstancias que para nosotros son una muerte segura. Hablamos de los extremófilos, un grupo de seres vivos que reciben este nombre porque son capaces de sobrevivir ante condiciones extremas, como bajas presiones, temperaturas extremas, altas dosis de radiación, etc. La mayoría de estos seres tan curiosos son microorganismos unicelulares pero existen algunos organismos pluricelulares como los tardígrados (también conocidos como osos de agua).

Uno de las preocupaciones más importantes de la búsqueda de vida extraterrestre y la exploración del espacio es precisamente  el arrastrar con las naves espaciales a estos extremófilos a otros planetas. Pues corremos el riesgo de que eliminen a los posibles seres existentes o que sean capaces de reproducirse y vivir en estos lugares alterando las condiciones previas. Sería un símil a lo que sucedió ante la llegada de los europeos a américa, trasladando especies de seres vivos de unos continentes a otros sin querer.

Por todo ello es necesario conocer bien nuestro planeta y el espacio exterior si queremos aventurarnos en él. Con lo que se ha conseguido hasta ahora, tras poco más de medio siglo, la aventura  promete. Pero no debemos olvidarnos de todas las increíbles precauciones que hay que tomar para mantener la vida en el espacio y de todos los efectos de vivir en un ambiente distinto a aquel para el que estamos diseñados para sobrevivir, la Tierra.

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